



Descubrirse y nombrarse
Antes de nombrar lo que sienten, muchas personas atraviesan una etapa de incertidumbre en la que conviven dudas, silencios y preguntas sin respuesta. En ese tránsito íntimo, reconocer la diferencia puede ser tan desconcertante como revelador. Entre el miedo y la confusión, expresar en palabras ese sentimiento de desconcierto representa un primer gesto de aceptación personal.
Nadie nace definiéndose con la etiqueta de gay, lesbiana o persona trans. El camino de la autodenominación no es lineal. Laura y Juan inciden en que existe una diferencia entre saber que eres diferente y ser capaz de nombrarlo: «Notar que no encajas, ya sea por tu identidad o expresión de género, lo notas desde pequeña, aunque no sepas ponerle un nombre», explica Laura.


A menudo, esta sensación aparece en la infancia, al percibir pequeñas diferencias en la forma de relacionarse o en los intereses. «Pese a que estas 'diferencias' proceden en gran medida de estereotipos, para muchos representan la primera evidencia de que algo no encaja», señala Marta, que recuerda cómo no le atraían las mismas cosas que a otras niñas, como jugar con muñecas o llevar vestidos, y prefería opciones 'más masculinas', como los coches y el fútbol.
Sin embargo, las dudas que surgen en la infancia se intensifican en la adolescencia, una etapa marcada por el cuestionamiento personal. «Parte de crecer y madurar implica enfrentarte a estos sentimientos», cuenta Marcos. «No es lo mismo pensarlo con 8 años que con 14, cuando ya tienes más perspectiva». Juan añade que, llegado ese punto, ignorarlo deja de ser una opción, «y aun así cuesta aceptarlo».

Aceptar que eres diferente al resto nunca ha sido tarea sencilla. Guillermina y Estela, que crecieron durante la dictadura franquista, se enfrentaron a numerosas adversidades y prejuicios para construir un entorno en el que poder ser ellas mismas.
Hoy, aunque el contexto ha cambiado, el proceso sigue atravesado por dificultades: «Aceptarse a uno mismo implica luchar contra toda la LGTBIfobia que interiorizamos desde pequeños; nos lleva a rechazar lo que sentimos e incluso a percibirnos en ocasiones con repulsión», expresa Laura.


A pesar de las dificultades, todas las personas que hoy brindan su voz coinciden en que aceptar lo que uno siente supone una gran liberación. «Es como recuperar la mirada de la infancia: la mente se libera de estereotipos y prejuicios. Desaparece la necesidad constante de autojuzgarse», explica la psicóloga María José Garabito.

«Es importante abordar los traumas, esas heridas que permanecen abiertas. Al reconciliarse con esa parte de la propia historia, la percepción cambia y la vida se vuelve más clara y manejable» ~ María José
Nombrarse no es solo un acto de lenguaje, sino de reconocimiento. Un proceso repleto de dudas, silencios y condicionantes que no siempre dependen de uno mismo. Sin embargo, entre generaciones, contextos y experiencias distintas hay un punto en común: el momento en que las palabras dejan de pesar y empiezan a liberar. Porque, al final, no es llegar a una definición exacta, sino permitirse existir sin ella.

Más allá del 28 de junio: Ecos de Orgullo
Un reportaje multimedia pensado para servir de altavoz al colectivo LGTBIQ+, visibilizar experiencias diversas y fomentar una mirada más consciente y respetuosa en la sociedad. A través de distintas historias y perspectivas, se busca acercar realidades que a menudo permanecen en los márgenes y generar reflexión en torno a la diversidad. Una invitación a escuchar, comprender y cuestionar desde la empatía, contribuyendo a construir una sociedad más inclusiva.
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