

No es una fase. Mucho menos una moda
«Tratar la bisexualidad como una duda o moda puede parecer algo sin importancia, incluso tonto. Sin embargo, es precisamente lo que hace que muchas personas cuestionen nuestra identidad», expresa Victoria.
Ser históricamente interpretadas como momentos de duda o transición es el nexo que une a todas las identidades. Sin embargo, en el caso de la bisexualidad este prejuicio se intensifica. A menudo, se percibe como algo pasajero o como una falta de definición, lo que termina deslegitimando la propia identidad.
A esto se suma otro estereotipo recurrente: la hipersexualización. Las personas bisexuales son con frecuencia etiquetadas como ‘viciosas’; un juicio que no se aplica de la misma forma en el mundo heterosexual: «Si una persona heterosexual tiene cinco citas a la semana por Tinder no pasa nada, es más, se le aplaude. ¿Qué pasa si lo hace alguien bisexual, gay, lesbiana...? Se le señala y tacha de viciosa», explican Marta y Nara. «Es simplemente discriminación».

Esta doble vara de medir refleja un sesgo profundamente arraigado en la percepción social. Lo que en unos casos se interpreta como libertad, en otros se convierte en motivo de estigma, de discriminación. Una diferencia que evidencia cómo la orientación sexual sigue condicionando la forma en la que se juzgan los comportamientos.
A esta desconfianza se suma una narrativa más reciente: la idea de que la bisexualidad es una ‘moda’. «Ser bisexual se puso de moda a partir de la pandemia. La gente veía en nuestra identidad una simple etiqueta con la que parecer más interesantes o diferentes. Estoy segura de que nunca pensaron y, hoy en día, no saben el daño que esto ha generado», sentencia Victoria.
Esta trivialización ha contribuido a reforzar prejuicios ya existentes, reduciendo una identidad compleja a una etiqueta superficial. «La gente sigue pensando que la bisexualidad es una fase, o simplemente que estás caliente en todo momento y que te da igual con quién estar», concluye.


